Caso Mouriño: Errores y Conjeturas Caso Mouriño: Errores y Conjeturas

El avionazo en que perecieran varios ciudadanos desafortunados junto con Juan Camilo Mouriño, secretario de Gobernación del gobierno federal, José Luis Santiago Vasconcelos, subprocurador de asuntos internacionales de la PGR, otros funcionarios y tripulación, volvió a exhibir ineptitud y cortedades políticas de las autoridades, cuyo manejo del percance no sólo ha resultado torpe y contradictorio, sino altamente sospechoso.

A los pocos minutos de ocurrido y como es lógico por razón de jurisdicción física, con los heroicos bomberos y cuerpos de rescate de la ciudad se presentó el jefe de Gobierno del Distrito Federal, como correspondía a la magnitud del hecho. Este funcionario, como era indicado y razonable, sólo informó lo que podía ser corroborado en ese momento, alegando que los peritos (de la Procuraduría y Protección Civil del DF, y de la PGR que ya habían llegado) apenas estaban revisando el lugar y recabando las pruebas necesarias para armar sus hipótesis, que luego confirmarían, desecharían o modificarían según los análisis practicados.

Momentos después llegó Luis Téllez Kuenzler, secretario de Comunicaciones y Transportes quien de inmediato se adueñó de toda la escena y se erigió en la única voz autorizada. No aparecieron el Procurador General de la República, cuya dependencia “atrajo” toda la investigación (para dejar fuera al gobierno del DF), ningún subsecretario de Gobernación, el director del CISEN (el centro de espionaje civil y subordinado del interfecto), ni el Director de Aviación Civil, a quien por ley le corresponde conocer, indagar y determinar lo que corresponda a incidentes relacionados con transportes aéreos del ámbito no militar, antes de dar vista –si percibiera algún ilícito– al Ministerio Público Federal con los elementos probatorios correspondientes.

En la entrevista que Téllez dio a Televisa (vocero oficioso y oficial del gobierno federal), lo primero que declaró fue que había que descartar cualquier otra hipótesis distinta a la de “accidente”, sin darse cuenta de que los peritos (ya sólo de la PGR) apenas estaban reuniendo elementos para la primera etapa de su labor: hallar alguna pista o indicio, para luego deducir una hipótesis.


LOS ERRORES: Turbulencia de Torpezas


1. CONCLUSIÓN ANTES DE LA INVESTIGACIÓN – Contra toda lógica elemental, Téllez Kuenzler enfatizó que se trataba de un “accidente” y que debía descartarse cualquier otra explicación. Torpeza enorme tal anticipación cuando los técnicos apenas estaban iniciando su labor.

Para un funcionario que presume tantos títulos académicos y gran preparación en el extranjero, resultó una idiotez monumental. ¿A quién se le ocurre imponer una idea como válida, sin comprobación, exigiendo ignorar cualquier otra distinta a la impuesta, cuando apenas se empiezan a recabar los elementos para darle credibilidad? ¿Acaso es un nuevo Nostradamus, anticipador del futuro? ¿O un tonto acelerado?

¿Por qué la prisa? ¿Para desviar la atención de otras opciones, y centrarla sólo en una que –para no dejarlo mal– tendría que probarse como válida? ¿A quién pretendió encubrir desviando la atención y forzando a los investigadores a acomodar todo a la “verdad oficial” ya anticipada?

Entre los avezados reporteros y ciudadanos medianamente instruidos, pero pensantes, surgió como relámpago la sospecha que generó Téllez Kuenzler con su declaración precipitada: Se trató de un atentado, aunque sólo especulando orígenes y motivos, ante la ausencia de datos que, a partir de ese momento, se volvieron “secreto de estado”.

Lejos de la presunta intención de calmar a la opinión pública, Téllez Kuenzler avivó las dudas y sospechas en el aparato oficial, único con acceso a agendas, horarios y medios de transporte de los altos funcionarios federales, rodeados de impresionantes y costosos dispositivos de seguridad en el tenso clima de violencia y crispación desatado por las erráticas decisiones del grupo gobernante.

Ya con la “explicación oficial” impuesta por Luis Téllez, secretario de Comunicaciones y Transportes, sobraron las intervenciones de los peritos de Aeronáutica Civil y de la Procuraduría General de la República, así como la del Ministerio Público federal quien, con esa versión inapelable, no necesitó respuestas a las dudas elementales de una investigación policial: quién, con qué, por qué motivo y, la más importante, quién se beneficia con esa(s) muerte(s).

2. EL PROTAGONISTA OFICIAL – Luis Téllez resulta, de todos los funcionarios del gobierno federal, el menos indicado para asumir el protagonismo en un caso de tal naturaleza.

Sus antecedentes privatizadores ligados a intereses de grupos trasnacionales, a los que sirvió dentro y fuera del gobierno, lo descalificaban de entrada.

Como titular de Comunicaciones y Transportes, tiene un subordinado que, por ley y convenciones internacionales, debió asumir el papel que Téllez se apropió. Es el Director de Aeronáutica Civil, bajo cuya responsabilidad están la autorización y supervisión de todos los elementos técnicos, físicos y humanos, que intervienen en la transportación aérea no militar. Convencionalmente es el más calificado –con los estudios, experiencia y peritajes de su personal técnico– para emitir un dictamen sobre cualquier percance y, en caso de percibir indicios de ilícitos, dar vista al Ministerio Público Federal para integrar la averiguación previa y perfilar a los responsables.

Pero en vez de auxiliarse de este técnico legalmente apto, Luis Téllez recurrió a un incondicional no técnico, sino administrativo: el director de Aeropuertos y Servicios Auxiliares, funcionario a cargo del cobro de los derechos de uso aeroportuario, surtimiento de turbosina y pernocta de aviones, un mero cobrador desde que se privatizó la comercialización y propiedad de los aeropuertos del país.

De un plumazo marginó a los técnicos que podrían darle cierta credibilidad a su apresuramiento.

Por lo menos para salvar las apariencias, el Director de Aeronáutica Civil o el Procurador General de la República, debieron asumir el protagonismo oficial. Uno por razón de los peritajes técnicos; el otro para descartar –con el peso de su autoridad persecutora de delitos– la sospecha de atentado.

3. PROCEDIMIENTOS EQUÍVOCOS – Como para cimentar la hipótesis anticipada de Luis Téllez y alejar toda sospecha de atentado, se recurrió al expediente malinchista. En vez de permitir que los peritos de Aeronáutica Civil y la PGR realizaran todos los estudios y análisis para emitir un dictamen legalmente válido, se prefirió entregar los elementos de prueba a técnicos de Estados Unidos, para que ellos realizaran los peritajes.

¿Acaso los técnicos mexicanos son impreparados e incapaces de realizar un peritaje medianamente creíble? ¿Sólo los estadounidenses son certeros e infalibles? ¿Por ser los fabricantes de la aeronave no pretenderían “tapar” cualquier falla de su producto? En todo caso, ¿no habría sido más creíble que los análisis los realizara un tercero sin interés involucrado?

Ello ocasionó que la Embajada de Estados Unidos en México se enterara, antes que nadie en el aparato oficial, de los resultados iniciales del estudio de las “cajas negras” del avión caído y los diera a conocer mediante un boletín, ni siquiera en una entrevista de banqueta donde a veces se revelan cosas inadvertidamente. Gran torpeza de un supuesto conocedor de las delicadezas diplomáticas, que exhibe su menosprecio a autoridades y opinión pública del país anfitrión. Pero su gobierno siempre ha tenido poco respeto a su par mexicano, a pesar del servilismo exhibido internacionalmente desde el llamado “cambio” emblematizado por Vicente Fox. No es de extrañar, entonces, el comportamiento del embajador.

Para arreglar un poco la descompuesta “hipótesis anticipada” del accidente y en congruencia con la religión televisiva de la tecnocracia neoliberal (nada existe en el Universo si no está en video), Luis Téllez –acompañado del director de ASA– exhibió “pruebas” filmadas que dirigen la responsabilidad del percance hacia la impericia e incapacidad de los tripulantes de la aeronave, lo que en vez de amainar, empeoró la tormenta de especulaciones.

Antes que nada, ¿quién garantiza que no sea un video preparado, como los “operativos” de la AFI –por ejemplo–, “oportunamente captados” por las televisoras para convencer a incautos? Además, los trucos de Hollywood hacen creíble lo increíble y si hay dinero para pagarlos, todo puede quedar grabado para la posteridad de las videotecas.

Pero suponiendo que los videos (de cámaras oteando el cielo en busca de alguna casualidad como la que se dio) presentados como “prueba” sean de verdad, ¿cómo es que se entregó el mando del vuelo a quien tenía casi la mitad de horas de vuelo (parámetro mundial para determinar la pericia y habilidad de un piloto) de su copiloto más experimentado? ¿Nadie detectó tal incongruencia? ¿Cómo fue que el Estado Mayor Presidencial, responsable de la seguridad del gabinete legal y ampliado, no se dio cuenta de tal falla? ¿Por la fiebre “privatizadora” se pone la vida de altos funcionarios federales en manos del que cobre menos? ¿Hasta dónde llega tal irresponsabilidad “privatizadora” para obtener un porcentaje de comisión?

4. ELECCIÓN DE CULPABLES – Para consolidar la hipótesis precipitada del caso fortuito y mortal que tocó al inepto grupo gobernante, se ha querido demostrar que la impericia e ineptitud de los pilotos fueron la causa del desplome del avión. Al cabo que los muertos no pueden defenderse.

Para ello se presentó “la transcripción” de la grabación contenida en las “cajas negras” de la aeronave. No se presentó la cinta respectiva, como en otros casos.

Los principales noticieros “justificaron” la no presentación del audio –en otra sospechosa coincidencia a favor del dador de concesiones– aduciendo un pudoroso respeto a las buenas costumbres, por las palabras altisonantes que se oían en la cabina, para no alimentar el morbo (que es precisamente lo que las televisoras promueven) y no ahondar el dolor de los familiares de las víctimas. Todo pareció previamente concertado para difundir como Santa Palabra la referida transcripción dada a conocer por Téllez, sin compulsarla o compararla contra lo audible. No se permitió la mínima duda, como algo ilícito. Algo similar a las Actas de Cómputo Electoral que supuestamente consignan el recuento honesto de los votos. Son la única “verdad oficial”, sin derecho a duda ni réplica, y por eso se tacha de ilegal que alguien quiera revisar los votos para comprobar la certeza de las Actas.

Los fallecidos tripulantes de la aeronave no pueden alegar nada a su favor. Tampoco pueden hacerlo los peritos, controladores de vuelo, pilotos y capacitadores de pilotos mexicanos, porque los elementos de juicio y prueba los tienen en Estados Unidos, lejos de ellos y de su posibilidad de defensa. Así que deben aceptar resignada y calladamente lo decidido por la “suprema autoridad” mexicana corporizada en Luis Téllez, súmmum de los transportes y las comunicaciones.


LAS CONJETURAS: ¿Quién se beneficia?


¿EL NARCO? – A los narcotraficantes sólo les importa su negocio, y resolver sus rencillas personales por razones de dinero. No son gente de muchos doctorados y “manejo de escenarios”, pero no son tontos, tampoco. Será gente elemental y con poco estudio, pero son sobrevivientes de contracorriente y aprovechan los resquicios para lucrar con el tráfico de enervantes.

Aunque Santiago Vasconcelos los perseguía formalmente hasta hace poco, la realidad es que ya había sido marginado de la lucha antinarco en México, y los “arreglos” ya estaban armados (por otro lado más influyente que Vasconcelos e igual que Mouriño), para comprar impunidad a uno de los cárteles que se hizo “fuerte” en el PAN y la fracción del PRI cogobernante. ¿Para qué agitar más el “avispero” gubernamental contra ellos, atentando contra un Mouriño que poco tenía que ver con la persecución de capos y, en cambio, los podría malquistar con “el de mero arriba”? ¿Para qué deshacerse de un Vasconcelos ya marginado? ¿Cuál era la ganancia? Para vengarse de los protectores del cártel de Sinaloa, ¿no habría sido más rentable “pegarle” al Procurador o sus íntimos, o al “superpolicía” García Luna, acusados de proteger al Chapo desde el sexenio de Fox? ¿No habría sido más claro –y directo– el “mensaje”?

De haber sido cualquiera de los enemigos del “Chapo” Guzmán el responsable del sabotaje, tocó al que no debía, porque ni los beneficiaba ni los perjudicaba, pues los arreglos de impunidad fueron hechos por otro lado desde antes de que Mouriño llegara al poder. ¿Qué ganaban? No son tan tontos.

El Chapo tampoco es lógico que haya sido el causante del avionazo, porque su estructura de poder está fuerte y protegida desde arriba a pesar de las acusaciones contra sus protectores, y de las detenciones de “su gente”. ¿Qué ganaba al pagar un atentado contra quien no le representaba un peligro?

La realidad es que la culpabilidad del narco en que parece insistir casi toda la prensa, más parece una distracción “sugerida” por alguien con influencia sobre los medios, a fin de desviar la atención de cualquier otra explicación.

¿FACCIONES PANISTAS? – El mismo día del accidente, El Universal publicó la columna de Salvador García Soto donde éste aludía a la inminencia de la renuncia de Mouriño para ser enfilado hacia el liderazgo de la fracción del PAN en la Cámara de Diputados, y señalaba que en Gobernación ya habían detectado el origen de tales rumores en “dos oficinas” muy importantes en Los Pinos y en la Colonia del Valle (donde está la sede del PAN).

Como “insider” del panismo gobernante, García Soto (es también director del Universal Gráfico, el vespertino de Ealy Ortiz) recibe confidencias y anticipos (periodísticos antes que económicos) para consolidar el prestigio informativo al que pueda recurrirse cuando sea necesario, para apoyar o aplaudir toda acción de sus confidentes gubernamentales, como hace hasta la fecha con un tono de pretendida imparcialidad.

La columna dejaba entrever que gracias al rejuego de intereses de dos fuertes facciones panistas (sin mencionarlos parecía implicar a César Nava –secretario particular de Los Pinos– y a Germán Martínez, líder formal del PAN) Mouriño pronto dejaría vacante el puesto que no supo aprovechar y sí en cambio le exhibía sus insuficiencias políticas y su vulnerabilidad mercantilista, que dañaban al PAN en su pretensión de lograr la ansiada (aunque muy ilusoria) mayoría legislativa en las elecciones del 2009. Desde luego, los ocupantes de las “dos oficinas muy importantes”, se consideraban los más aptos del gabinete felipista para pelear la sustitución en Gobernación y soñar con la Silla Grande. Si su jefe inepto pudo, ¿por qué uno de ellos no? Sólo había que nulificar a Mouriño. El problema es que los panistas son ineptos para todo, las intrigas palaciegas y la política, y sólo se pierden en la “grilla” y chismerío arrabalero.

Aunque el PAN actual copia mal todas las mañas del PRI, carece de la capacidad intelectual e intuición para la política, las argucias y los golpes maestros. No sólo para planearlos, ni siquiera para preverlos o imaginarlos.

Como su ignorancia es mayor que su soberbia, ninguno de los panistas suspirantes de las alturas habría sido capaz de pensar, mucho menos preparar, un atentado contra Mouriño para despejarse el camino, con lo que abriría un mayor boquete en la endeble nave “institucional” donde navegan y de la que se benefician. Eso sólo pudo avizorarlo una mente diabólica, conocedora de los resortes del poder y sedienta o urgida del mismo en sus distintas vertientes, calculadora de que un daño al gobierno actual –debida y oportunamente contenido– podría significarle ganancias personales y de grupo. Pero esas mentes no están en el PAN.

¿LAS PETROLERAS? – Para nadie era un secreto que Juan Camilo Mouriño siempre fue un eficaz promotor de petroleras y gaseras españolas con las que su padre ya había tejido posibilidades de negocios inminentes, y sólo esperaban ansiosas los nuevos contratos implícitos en la “reforma petrolera” impuesta por el PAN, PRI y PRD (la facción moderna y conciliadora de Los Chuchos).

La ubicación de Mouriño tan cerca de Felipe Calderón y muy alto en la pirámide “institucional” del gobierno mexicano, era un “handicap” para otros tiburones del petróleo, con mayor antecedente y conocimiento de trampas y trucos lícitos e ilícitos, así como de guerras, y un mayor poder económico mundial que la más poderosa de las firmas hispanas.

Luis Téllez Kuenzler, también se sabe, siempre fue diligente operador de los poderosos intereses financieros de Estados Unidos (era socio y representante del Grupo Carlyle al ser llamado por Calderón para congraciarse con algunos de sus patrocinadores), tan preocupados por el futuro energético de su país, pues el combustible fósil (o sea, el petróleo y gas) permite fabricar los productos y servicios de guerra y paz, que mueven la economía donde lucran, en su territorio y el ajeno. Por eso las trasnacionales petroleras tienen una incuestionable preponderancia en el poderío económico de los Estados Unidos, tan imbricadas con los intereses de los banqueros. ¿No acaso Baby Bush inventó una descomunal mentira para justificar su guerra contra Sadam Hussein, a fin de apoderarse de los ricos yacimientos petroleros de Irak? ¿No cuando la declarada “victoria” se volvió tan incierta y huidiza, se empezó a postergar la explotación y ganancias de las mismas, y a prolongar el gasto militar en ese país, al grado de forzar a gastar más en vez de recibir las ganancias esperadas, lo que descompuso los entramados financieros?

Quien dude de la magnitud de los intereses petroleros estadounidenses, del poderío y avaricia de sus trasnacionales, o viene de otro planeta o ignora la historia.

En México, Mouriño se interponía a favor de las petroleras españolas.

Permitir que siguiera afianzando y aumentando su poder –puesto al servicio de las trasnacionales energéticas hispanas–, significaba menguar las posibilidades de Estados Unidos en los yacimientos mexicanos, además de la inconveniencia geopolítica de que Europa tuviera otro enclave importante en Norteamérica (no olvidar que Canadá es parte de la Commonwealth y su Jefe de Estado es la reina de Inglaterra), especialmente cuando México va a ser anexado a los Estados Unidos, de hecho y sin derecho.

Geopolíticamente hablando no resulta lógico ni conveniente que la parte abastecedora (de recursos naturales y humanos) de la Unión de Norteamérica tenga intereses europeos drenando su principal riqueza energética que por Destino Manifiesto le corresponde al Tío Sam.

Y al igual que su destino, por ahí se manifiesta la mayor sospecha del avionazo de Las Lomas. Con la muerte de Mouriño, España sufre una baja sensible. ¿Ahora quién será su cabildero y protector, súbdito del monarca hispano?

Para contribuir a tal sospecha, el sustituto de Mouriño es parte del clan traficante de influencias jurídicas del Jefe Diego Fernández de Cevallos, cogobernante en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, a su vez Capo di Capi de la tecnocracia neoliberal camaleónica (pues lo mismo es tricolor, que blanquiazul, que verde o multicolor) con fuertes intereses amafiados en Estados Unidos, lo mismo en Georgetown que en Wall Street.

En el festín del petróleo, Mouriño y España eran mano. Salinas (Diego, Téllez y cohorte) y Estados Unidos eran tras. Ya no. Las cosas volvieron a ser como antes.

¿Le parece esto inverosímil y absurdo? ¿Simple neurosis producto de una mente desquiciada?

La respuesta es cuestión de paciencia.

El tiempo pone a cada quien en su lugar.

 


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