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"Prometer no empobrece, cumplir es lo que aniquila", dice el refrán popular. y en él se monta hoy Felipe Calderón, presidente de facto, para engañar a los ingenuos --correligionarios suyos o ciudadanos desinformados-- de que con la privatización petrolera que promueve, todo el país será un Edén para que vivamos mejor.
Pero... "Los frutos de la reforma (energética) serán dentro de muchos años", dice Calderón con desparpajo, curándose en salud, como antes lo hicieron Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo y Vicente Fox.
Con diferentes palabras, todos dijeron lo mismo: Bonanza... a muy largo plazo. "Habrá más escuelas, hospitales, mejor atención a mujeres y niños, menos pobreza, más beneficios para el campo" y todos los mexicanos serán felices... en 2 ó 3 milenios más, si el planeta sobrevive para entonces, porque durante sus mandatos sólo hubo saqueos y riqueza inmediata para los cómplices, ruinas y pobreza creciente para los demás. Nada de promesas cumplidas.
En su cruzada de convencimiento con mentiras, Calderón oculta una verdad. No dice nada de que las empresas beneficiarias de su "patrótico esfuerzo" comenzarán a generar utilidades de inmediato, pues de otra manera sus accionistas expulsarían ipso facto a los directores a quienes confían sus capitales. Ahí tiene Calderón a su Camilo Mouriño para comprobarlo. Los frutos de los contratos que firmó para su empresa familiar siendo servidor público, los cosechó de inmediato, no tuvo que esperar "muchos años". Ni siquiera uno. Pemex da generosos anticipos.
¿Por qué si las empresas beneficiadas con contratos de exploración, explotación, refinación, distribución y transporte reciben frutos de inmediato, los dueños de los recursos originales --los mexicanos comunes y corrientes-- deben esperar "muchos años" para ver su ganancia?
"Hasta el campo recibirá beneficios del petróleo", ofreció Calderón a sus dos principales patrocinadores, Don Maseco y Don Bimbo, quienes esperan reponer en poco tiempo y en efectivo, lo que han perdido en respeto y credibilidad. Sus finaciamientos y encubrimientos a delincuentes electorales y pederastas hipócritas los han depreciado ante la ciudadanía, aunque sigan apareciendo en páginas de Sociales por tanto dinero que gastan en anuncios.
Ni ellos y mucho menos Calderón ni el PRI de Don Beltrones y Don Gamboa, logran responder esa sencilla pregunta: ¿Por qué las ganacias son inmediatas para los empresarios y muy tardadas --si algo queda-- para los mexicanos?
Claro, el empresario exige su pronto pago, mientras el ciudadano tarda mucho en reclamar, si es que lo hace. De eso se aprovecha la cleptocracia en el poder.
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