|
Primer Acto: “Juanito Justicia”
(O cuando ser bilingüe puede no ser tan bueno)
Tenía la tarea de llevar a mi esposa casi todas las mañanas a su trabajo. Sin embargo, el precio de la gasolina tan inestable como mi humor, ha cambiado la rutina y me toca en el mejor de los casos llevarla dos días a la semana. En el trayecto de regreso a casa veo el anuncio de una radiodifusora en el 104.1 FM --“The Truth”, así se hace llamar--, aparte el slogan dice “fearless” (que no tiene miedo),“honest” (honesta) y “Right”. Esta palabra en el momento de traducirse tiene dos connotaciones; por un lado pudiera ser algo muy cercano a “Correcta”, y por otro se traduce como el lado derecho de cualquier cosa. Si usted usa primordialmente la mano derecha en su quehacer diario, en inglés se le conocería como un “Right Handed”. En política se maneja el concepto de “izquierda” y “derecha” basándose en las diferencias de ideas, para dar una idea más precisa, diríamos que los Republicanos son de “Derecha” y los Demócratas de “Izquierda”, entonces el cuadrante 104.1 FM es completamente de “Derecha”, una radio comprometida --y de seguro-- financiada por el partido Republicano que en este año político es una herramienta indispensable para el uso de propaganda ideológica que intenta convencer a los electores de que ellos son la mejor opción. Nada nuevo en los recursos de la política.
La autonombrada “The Truth” (“La Verdad”) tiene entre su amplio repertorio de locutores a un personaje muy peculiar, se hace llamar “Jon Justice” (quizás no pone la “h” porque hombre se escribe con “h”), él transmite de 6.00 a 9.00 am., y es ahí donde usted puede escuchar a uno de esos individuos que se burla de todas las culturas, primordialmente la hispana. Está a favor completamente de la ocupación en Irak, tanto que dice: “tenemos” que seguir allá, “estamos” defendiendo la democracia, no nos “podemos” salir todavía. Cualquiera diría que el individuo está allá tirando bala y que es un valiente soldado, me hace recordar una frase de Esopo que dice: “Es fácil ser valiente desde una distancia segura”
Se burla de nuestra música, de nuestras costumbres, apoya incondicionalmente la construcción y ampliación del muro fronterizo, está furioso con Raúl Grijalva, tanto que dice que es hora de que desocupe su puesto por su defensa a los derechos de los inmigrantes ilegales, vaya, es como un chihuahua (con minúscula porque hablo de un perro) hambriento, grita en el micrófono hasta el punto de casi quedarse sin aire, se nota a leguas que vive buscando la “estrellita en la frente” como la que nos ponían en el kinder y obviamente el espectáculo tiene un buen “rating” porque más allá de un análisis serio de las cosas, ocupa el tiempo al aire con un sensacionalismo de merolico que atrapa a todos aquellos que coinciden con él.
Si un día usted amanece con constipación estomacal, le recomiendo que se lleve la radio al baño y el buen (?) Juanito se va a encargar de hacer que su digestión vuelva a la normalidad.
Este es “Juanito Justicia” a grandes rasgos, pero ¿quién me tiene oyendo a este personaje tan rabioso? Bueno, por un lado no puedo negar que cargo con una buena dosis de morbo que me lleva a experimentar este tipo de fenómenos, me sirve para seguir comprobando que tengo todavía hígado a prueba de entes radiofónicas obedientes, robóticas, enemigas de la objetividad e ignorantes de muchas cosas de nuestra cultura, es un comprobante de la crisis de credibilidad por la que están pasando los medios, sobre todo los electrónicos.
No hay duda de que todos los que vivimos aquí (en Estados Unidos) tenemos la obligación de hablar inglés, aunque hay veces en que entender el idioma nos puede dar un gancho al hígado, sobre todo cuando el racismo se apodera de un medio de comunicación y lo convierte en su trinchera, aunque al final no convence a nadie. El mérito sería cambiar la manera de ver las cosas de aquellos que aparentemente están en un error. Sin embargo, no hay heroísmo, “Juanito Justicia” seguirá con sus gritos, con las cuerdas vocales hinchadas e irritadas y se va a ir a dormir pensando que ha cumplido cabalmente con su tarea de difundir sus ideas incendiarias, racistas, con su amor incondicional a la guerra, a Bush, a Arpaio, a Cheney, no se diga a su jefazo Bill O’Reilly, ¡un momento!... ¡todos son hombres! ¿Qué querrá decir? Usted juzgue.
Y mientras todo esto sucede, cientos de seres humanos --duélale a quien le duela-- van a seguir cruzando la frontera, buscando lo que la mayoría venimos a buscar: PROGRESO, entendiéndolo como un cambio en la situación económica, la mejoría en muchos de los servicios (excluya, por favor los médicos), la posibilidad de compartir una cultura y encontrar la gran cantidad de seres humanos y cosas buenas que tiene éste país.
Segundo Acto: ¿Y nosotros?
(O también: Nuestra Complicidad)
En el trayecto de regreso a casa, y alternando con“Juanito Justicia” busco en el cuadrante de FM una radiodifusora que transmita en español algo que demuestre --no sólo a los anti-inmigrantes-- que somos algo más de lo que ellos piensan, sino que nos demuestre a todos los que hablamos español que somos mucho más que “El Pasito Duranguense”, “Cuisillos”, “El Chapo de Sinaloa”, “El Coyote (más bien el Puercote)”, etc.
La radio en español en Tucson (Arizona) ha sido secuestrada por locutores mexicanos en su mayoría --sonorenses principalmente--, con un formato oxidado, repetitivo, monótono, enemigo de pensar un poco más allá de hacer dinero de la manera más fácil, con una primicia muy cómoda: “Es lo que le gusta oír a la gente”, y bajo ese criterio se ha hecho una manera de hacer radio en la que usted no encuentra la mínima diferencia entre una estación y otra, el mismo estilo de música, los mismos comentarios, el mismo fondo, la misma forma, lo único que varía son las voces.
El problema no es que los locutores sean mexicanos o sonorenses, eso es intrascendente, el problema es que, especialmente en este momento de la historia, no podemos seguir teniendo un vacío tan grande en cuanto a canales de opinión se refiere. No es posible que nos quedemos dando la imagen de un pueblo que se preocupa nada más porque “le robaron el cochi el sábado en la nochi”. Hay un vacío ideológico que los empresarios radiofónicos no quieren ver o quizás no saben que existe.
La gente también piensa y está hambrienta de externar sus opiniones y la radio es un medio ideal para eso, lo que hace falta es alguien que quiera asumir el riesgo, salir de la “zona de confort”, comprobar que si a la gente no le gusta otro tipo de música es por que no la conoce y que tener un lugar en donde expresar sus ideas es una obligación de los medios de comunicación. Esa oportunidad histórica la tienen los altos directivos de las radiodifusoras que ya no pueden seguir dándole la espalda a la realidad, con la capa y el antifaz.
La situación que estamos viviendo les exige hacer algo nuevo que incline la balanza hasta que llegue a un buen equilibrio, hay maneras de seguir haciendo dinero experimentando cosas de más riesgo y más calidad, es cuestión de perder el miedo.
La factura a corto plazo la van a cobrar las generaciones que vienen detrás de nosotros cuando pregunten que fue lo que hicimos en el tiempo que el racismo de principios del siglo XXI hizo que un número escalofriante de paisanos tuviera que salir huyendo porque las leyes anti-inmigrantes le dieron alas al apetito insaciable de Arpaio, los Minute Man, Roy Warden y demás monstruos de la vida real. Quizás les digamos que no tuvimos tiempo de pensar porque había un baile con Ramón Ayala, o porque mataron al Gallo Elizalde y estábamos muy tristes y la tristeza nos llevó hasta hacerlo un santito más en la iglesia del pueblo.
En la música no solamente hay que ver el género, sino también el entorno que lo rodea, y en ese sentido el ambiente grupero está pasando por uno de sus momentos más temerosos. No podemos cerrar los ojos al hecho de que aquellos grupos musicales que se han acercado al narcotráfico han muerto como consecuencia de venganzas entre cárteles de la droga en México, vaya, es lógico que cualquiera que se acerque al narcotráfico vaya a acabar muerto de cualquier forma, por estar a favor o en contra, por consumir o por distribuir drogas, y ahora le tocó el turno al género musical con el que esta actividad más se ha identificado, y digo más porque difícilmente hay una expresión artística que se escape de consumir por lo menos marihuana. No estoy generalizando, pero de que hay cercanía, la hay sin duda, ¿o usted se imagina a algún narcotraficante con la Sinfónica de Nueva York en la fiesta quinceañera de su hija? Claro que no, aunque de repente puede haber sorpresas.
Tercer Acto: El Futuro
(O también: Cada quien hace de su oído un papalote)
No hay duda de que cada quien es libre de oír lo que quiera, en eso no hay reglas, afortunadamente. En lo personal creo que la onda grupera solamente tiene un aspecto rescatable: le da de comer a mucha gente, puesto que se convirtió en una industria gigantesca y por lo mismo tiene a su alrededor muchas actividades que salen beneficiadas. Eso es en cuanto a gustos musicales y en eso todos tenemos derecho a opinar, y es por eso que me tomo la libertad de hacer el comentario a título personal. Sin embargo, algo que nos toca a todos por igual es la obligación de externar nuestras opiniones, nuestras ideas en lo que nos afecte como grupo minoritario. Cualquier abuso de autoridad --y mire que últimamente hemos visto un desfile de horrores peores que antes-- tenemos que señalarlo; cualquier idea o propuesta dictada por la razón tiene que ser expuesta, no como “Juanito Justicia”, a ese tipo de individuos hay que enseñarles que el comentario rabioso no lleva a nada.
La urgencia de una buena radio hispana en Tucson --en la que haya otro tipo de contenido, desmadre y chacoteo-- es un hecho, una radio que nos involucre a todos los que hablamos español, que dé pruebas reales de la tan sonada “Hermandad Hispana” y que refleje otras realidades que estamos viviendo y ante las cuales no hay otro camino que darle espacio para su análisis en la forma que sabemos hacerlo, en un cotorreo que a fin de cuentas nos deje algo para el futuro, que no sufra de complejo de avestruz, con la cabeza escondida y exhibiendo el trasero.
|