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Andrés Manuel López Obrador sabe que la gente está muy molesta, muy indignada contra la corrupción foxista --peor que la del PRI que supuestamente iba a terminar--, continuada a mayor escala y descaro por Felipe Calderón, pese a sus hipócrita propaganda difundida por sus cómplices mediáticos.
Los periodistas que nos mezclamos entre la gente para levantar "color" de las notas, antes o después de las entrevistas encargadas por los jefes de la redacción, pudimos conocer el grado de enojo que despertó Fox con su encaprichamiento de desaforar al único político que no se prestó a los "arreglos" del foxismo y sus pretensiones transexenales para perpetuar su lucro. Prácticamente todos supimos de eso, a nadie se permitió publicarlo. Así era y sigue siendo "la libertad de expresión" dominante.
López Obrador ha comprobado que cualquier chispita puede encender una verdadera revuelta de pronósticos muy reservados. Tan consciente está AMLO del malestar general ocasionado por los malos gobiernos panistas, que en ocasiones raya en la ira, que insiste en que la Resistencia Civil que lo apoya debe ser pacífica.e impermeable a las provocaciones. Una y otra vez exhorta a la paciencia de sus seguidores. Y cada vez se hace más difícil lograrla, ante la desfachatez de la Mafia Azul apoderada del gobierno y sus "instituciones".
Si la misma iracundia con que voceros y personeros de la Nomenklatura tratan a López Obrador, se empleara contra ellos y sus partidarios, ya se habría incendiado el país. Pero como bien decían las abuelas "Donde uno no quiere, dos no pelean", y la prudencia siempre ha estado de parte del supuesto "derrotado", quien se pasea libremente por el país, cobijado por masas populares, mientras el dizque "triunfador" legal, vive escondido entre miles de militares armados hasta los dientes, feroces con la gente indefensa, atropelladores de libertades y garantías constitucionales, alabado y aplaudido sólo por sus cómplices políticos, mediáticos y empresariales, carente del respaldo popular evidente que tiene su denostado contrincante.
La ebullición del malestar social, que a lo largo de los desmanes y torpezas del desempeño PRIANista ha ido acumulando más y más presión, no tarda en reventar, si no encuentra una vávula de escape. La absurda tozudez de la clase política dominante para imponer la entrega de los valiosos y apetecidos recursos energéticos del país a las trasnacionales de Estados Unidos y España (del que uno de sus súbditos fue impuesto por el usurpador como Secretario de Gobernación por encima de leyes y constituciones), puede detonar el estallido.
Los servicios de espionaje militar --aún no contaminados por el acomodaticio mercantilismo partidista-- tienen indicios de organizaciones clandestinas (y otras no tanto) y armadas que sólo esperan la oportunidad propicia para dar cauce a su manifestación bélica, en la que llevan tiempo preparándose.
No se trata, como publican algunos medios, sólo de grupos armados como el EPR (Ejército Popular Revolucionario) ni el EZLN, nacidos en el espectro ideológico izquierdista, sino de verdaderos "Ejércitos de Dios", salvajes y furibundos, adiestrados en el fanatismo religioso que les perdona con bendiciones divinas todo exceso cometido en nombre de la fe religiosa. Son estos "combatientes de la fe", tolerados y protegidos por los mandos castrenses que desean ser obedientes a su "Comandante Borolas", los verdaderos peligros de una conflagración en México, pues cuentan con el apoyo tácito de las Fuerzas Armadas de la Usurpación, que los organizarían como "fuerza paramilitar" no sujeta a ninguna convención internacional sobre Derechos Humanos, amparada por la permisividad del gobierno y la Iglesia católica que los alienta y bendice.
López Obrador está consciente de ello. Los servicios de inteligencia ciudadana del Gobierno Legítimo de México lo han puesto al tanto de este panorama. Por eso insiste en la Resistencia Pacífica para oponerse a los desmanes del gobierno de facto que insiste en subastar el país al mejor postor. López Obrador, con mayor conciencia política y ciudadana que los mercachifles de Los Pinos, sabe que el mínimo chispazo desataría fuerzas de violencia desmedida, que podrían arrasar al país con consecuencias imprevisibles.
Pero ni a Calderón ni al PRIAN les importa el país. A ellos sólo les preocupan sus bolsillos.
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