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Preocupados por la percepción general de su "colaboracionismo" con el gobierno panista de Felipe Calderón, la corriente de Los Chuchos que se adueñó del PRD y pretende seguir manejando el partido, dispone preparativos para sabotear el próximo cambio de dirigencia, en caso de no ganar la elección.
Ante la oleada de nuevas afiliaciones de simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador que apoyan a Alejandro Encinas, Los Chuchos respondieron obstaculizando tales afiliaciones, sacándolas del padrón de militantes o retrasando el registro y la consiguiente credencialización. A las reclamaciones por este juego sucio, respondieron afiliando a diestra y siniestra, en ocasiones con engaños y en otras auxiliados por el PAN y el PRI, a fin de inflar el padrón para luego desestabilizar la elección y acusar a Encinas de las irregularidades.
Tales movimientos de los apoyadores de Jesús Ortega pretenden llevar la elección del PRD al Tribunal Electoral, donde los magistrados ya están "concertados" para repetir el 6 de julio del 2006 y declarar vencedor a Jesús Ortega.
En las previsiones del PAN y el gobierno de Calderón, la elección de Jesús Ortega al frente del PRD ayudaría a dar una apariencia de "consenso general" a la entrega de las riquezas del país al extranjero. Formalmente, toda propuesta panista sería aprobada por "consenso", luego de breves escaramuzas "opositoras" de Ortega, para taparle el ojo al macho. No importa que Ortega llegue a ser el líder formal de un simple "cascarón", pues la propaganda se encargará de encubrir la realidad, dejando como inexistente a la oposición de millones de ciudadanos.
Lo que Jesús Ortega y todos sus Chuchos lograrán con estas ambiciones será recibir las migajas que el gobierno les arroje y compartir el creciente descrédito en que se hunde cada día por tanta corrupción impune.
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