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Al cerrar el “congreso” de la calificada por los medios institucionales como "la corriente más influyente del PRD”, Carlos Navarrete, uno de sus dirigentes y líder de la bancada perredista en el Senado, se endosó la representación toda del PRD para admitir “errores” cometidos en la pasada contienda electoral que concluyó con la usurpación de Felipe Calderón.
Poco antes, otros dirigentes de esta “tribu” mejor conocida como “Los Chuchos”, le endosaron los “errores del PRD” a Andrés Manuel López Obrador por no haber “atendido” al sector empresarial, más que nada su representación institucional en las cúpulas impuestas por el gobierno.
Nada dijeron, sin embargo, de la actuación obsequiosa de toda la estructura burocrática del partido surgida de su “corriente”, en los distintos estados de la república, que en vez de trabajar para aumentar el caudal de simpatía y votos hacia su supuesto abanderado, se dedicaron a boicotear las actividades de las Redes Ciudadanas, a emplear el presupuesto del partido en sus intereses personales y a cuidar la retención del magro porcentaje de votos que les permite vivir como oposición, sin preocuparse de aumentarlo para realmente ganar el gobierno.
Tampoco mencionaron las distintas quejas que se recibían en el Comité Ejecutivo Nacional, del comportamiento entreguista de las directivas estatales —integrantes de Nueva Izquierda— hacia los gobiernos estatales de los que reciben apoyo$ y canonjía$ a fin de “dosificar” su oposición. Esos directivos llegaban a las secretaría generales de Gobierno presumiendo su control de las Redes Ciudadanas, cuyo surgimiento empezó a preocupar a las oficinas gubernamentales hasta que las directivas del PRD se ufababan de que tales grupos recibían instrucciones de ellas. Cuando las distintas Redes marcaban su deslinde, de inmediato recibían la represalia del PRD estatal, que no sólo le hacían vacío, sino que actuaba francamente contra ellas.
En Querétaro, nos consta, en dos ocasiones que acudió AMLO, el PRD estatal estuvo convocando a la gente —incluso apoyados con spots en radio, supuestamente pagados por el gobierno del estado— a lugar distinto de donde se presentaría Andrés Manuel, creando confusión incluso entre la Prensa. En el último de estos actos, derrotada su argucia y para no quedar exhibido ante AMLO, el líder perredista local y sus huestes de Nueva Izquierda llegaron al lugar de la reunión —con sus mantas amarillas y pancartas de adhesión— cuando López Obrador ya casi terminaba su discurso.
Fue patético, pero real. Ésa es la “corriente más influyente” del PRD que le atribuye errores a quien fue su candidato, sin admitir que gracias a él, el partido que dicen manejar aumentó su votación como jamás en su breve historia. Porque, la mera verdad, navegaron de muertito, gastando el presupuesto en otras cosas, menos en propagar la nueva alternativa de Nación.
Si se trata de autocrítica, Nueva Izquierda debía empezar por reconocer que sin Andrés Manuel López Obrador seguirá siendo la corriente más importante de un partidito comparsa en la ficción democrática, acomodándose a la buena voluntad del dador de presupuesto, igual que hacen el Verde, el de Elba Esther y el otro esquirol de cuyo nombre no vale la pena acordarse.
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