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Embarrado hasta los cachetes con el caso Eumex, el filopanista Emilio Alvarez Icaza ejerce de manera selectiva, "a la carta", sus funciones de ombudsman de derechos humanos en el DF y se hace el Tío Lolo con las violaciones a las garantías constitucionales.
En versión sumamente kafkiana de lo que supuestamente son los derechos humanos, la CDHDF señaló que las autoridades del GDF"no salvaguardaron los derechos de los habitantes del DF mientras se mantuvieron los campamentos en Reforma". ¡¿¿??!
En la peculiar interpretación de los derechos supuestamente humanos que realiza Alvarez Icaza, ahora sucede que los automóviles tienen más derechos que los seres humanos comunes... ¿será porque estos no pagan tenencia?
Lo sabíamos. Después de que a escondiditas, según él, le ofreció su apoyo incondicional al candidato panista, en la cena de despedida a la entonces secretaria de Desarrollo Social, Josefina Vázquez Mota, quien dejaba el cargo para integrarse como encargada a la campaña de Felipe Calderón, Alvarez Icaza además presionó -abusando de su posición que se supone apartidista e imparcial- para que algunas organizaciones no gubernamentales se unieran a su poco ético y servil ofrecimiento.
Haciéndole al Tío Lolo
Y ahora, haciéndole al Tío Lolo, Alvarez Icaza se avienta la puntada de que las autoridades capitalinas no protegieron los derechos de los habitantes del DF cuando estuvieron los campamentos del plantón en Reforma, siendo que quienes hicieron dichos campamentos fueron ciudadanos con pleno derecho a manifestarse... y no menciona nada, absolutamente nada, de la virtual suspensión de garantías constitucionales, amén del derecho de tránsito y respeto a la persona humana, brutalmente violentados por la PFP y Guardias Presidenciales, en la zona del Congreso de la Unión, en los días previos al 6o. informe presidencial de Vicente Fox.
De eso, ni pío. El bendito señor no abrió su bocaza para decir ni siquiera 'Jesús mío' respecto a ese acto totalitario... esperable en alguien tan poco secular como monseñor Alvarez Icaza.
El odio jarocho hacia AMLO
El odio que este 'decentísimo' sujeto le tiene a todo lo que tenga que ver con Andrés Manuel López Obrador es digno de un estudio sicológico.
Es muy descriptivo el caso de Eumex —empresa española coludida con los gobiernos priístas del DF y acusada por sus propios empleados de múltiples violaciones a sus derechos humanos— armado por una batería de abogados panistas contra el gobierno de la ciudad, y que Alvarez Icaza sospechosamente tomó como asunto personal suyo.
Con el consabido uso de los medios corporativos que se encargan de presentar a la abusiva empresa española como pobre víctima —colgaban con diablitos sus anuncios luminosos en la vía pública—, Alvarez Icaza inició una cruzada idiota contra el gobierno del DF.
Lo que tenía que suceder, sucedió, y el Séptimo Tribunal Colegiado en Materia Administrativa, de manera terminante, le dio a la ciudad de México y sus habitantes la razón en contra de la empresa española, echando por tierra no sólo los alegatos de la empresa, sino también el fervor azul de Alvarez Icaza, quien, poniéndose la camiseta de la empresa, no solo desdeñó proteger a los trabajadores de dicha trasnacional, sino que volteando la papeleta, acusó al gobierno del DF... ¡de violar los derechos humanos de la empresa!
¡Hágame usted el favor! Ahora sucede que don Emilio le concede derechos 'humanos' (?) a empresas que son personas 'morales' —más bien inmorales ¿no cree usted?—, poniéndolos por encima de los seres, ellos sí humanos, de carne y hueso.
Vuelta a las andadas
Como eso le falló, el ombudsman ataca de nuevo, enfocando ahora sus baterías al caso de los plantones de Reforma que tanto incomodaron a la gente que vive en Monterrey y Chihuahua (sí, la campaña de 'Regrésennos Nuestra Ciudad' fue originada y financiada en Monterrey y Chihuahua), pero haciéndose el Tío Lolo con la cancelación de garantías individuales por parte de los guaruras de Fox, sin que los panistas ni la gente 'decente' afín al panismo levantara un solo dedo o emitiera un solo 'pío' en defensa de quienes vieron conculcados sus derechos más elementales.
Cosas veredes, mío Cid.
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