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por Fausto Fernández Ponte
“El fomento del individualismo y el egoismo en México refuerza el instinto antisolidario e impide la movilización de las masas populares”. Hugo Gutiérrez Vega.
I
Es un hecho discernido objetivamente por la experiencia histórica que los trabajadores –fueren éstos del campo o la ciudad-- son los verdaderos creadores de la riqueza en el mundo; en México ello es particularmente cierto y vero. Empero…
Empero la creación de riqueza tiene en este país ancho y ajeno –sí, cada día más ajeno, apropiado legalmente por los intereses de los dominantes personeros otrora priístas y hoy panistas del poder político del Estado-- peculiaridades asaz inicuas, por inequitativas:
Una, que los medios para producir esa riqueza son propiedad privada y, por lo mismo, antisocial. Así, el usufructo de la plusvalía del uso de los medios de producción –incluyendo la tierra y el subsuelo, agua y aire-- es sólo de unos cuantos, los menos, no los más.
Otra, que esos menos (unas 39 familias extendidas, sus asociados y operadores que conforman entre el 12 y el 20 por ciento de la población) son quienes, epicenamente o por subrogación, influyen en la conducta de los personeros del poder político del Estado.
Y, una más, que esa situación --inmoral e injusta para los más, pero congruente con la moral cristiana y, por tanto, justa para los apropiadores de los medios de producción y de la riqueza creada por los trabajadores— tiene consecuencias corrosivas para todos.
Por supuesto, la salvedad es imprescindible: no cuestiónase aquí la legalidad del régimen de propiedad particular de los medios de producción –que por definición histórica son sociales--, sino la inmoralidad y la ética de los motivos de dicho statu quo jurídico.
II
Ese statu quo jurídico se extiende no solamente a lo descrito aquí, sino también a otros aspectos, igualmente centrales que afectan negativamente a los intereses de los trabajadores y sus familiares y a los del país, es decir al Estado mexicano mismo.
Véalo, si no, el caro leyente: los trabajadores y, en un sentido más amplio, la población económicamente activa de México, así como sus respectivas familas, conforman el grueso mayoritario, el 90 por ciento, del total de habitantes del país.
Señálese por atenencia que las estadísticas aquí consignadas son deducidas de las cifras del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, órgano del Estado, y concatenadamente cotejadas mediante metodología de discernimiento y medición sociológica.
Prosigamos. Decíamos que, sin embargo, los apropiadores de los medios de producción y de la riqueza creada por los trabajadores –que en la economía política se les identificaría como fuerzas productivas de la sociedad-- no tienen acceso a esa riqueza.
Y no sólo eso: tampoco tienen acceso al usufructo de derechos humanos –en el caso, laborales, de salud y educativos— elementales o básicos tales como seguridad social y certidumbre en el empleo, prestaciones, salarios justos o suficientes para vida decorosa, etcétera.
Los empleos son inseguros en todos sentidos, amén de baja calidad –salarios, si se les puede llamar así, bajísimos, en condiciones laborales casi esclavizantes en lo moral y lo ético y, por lo mismo, propios de una cultura de la necesidad ingente del trabajador y atentatorios a la dignidad.
III
Ello establece un contraste terrible: mientras la Constitución Política de los 31 Estados Unidos Mexicanos y el Distrito Federal preconizan esos derechos sociales (humanos, laborales, de salud, educativos, etcétera), en la práctica es precisamente lo opuesto.
Dada esa situación moral y éticamente anómala, si no es que monstruosa --que la sociología identificaría como superestructural--, los trabajadores en general, esos creadores de riqueza de la que se apropian unos cuantos, son víctimas de las crisis concurrentes que estrujan al país.
Sin duda. La crisis más reciente –la de salud, emblematizada en la aparición atípica del virus de influenza A-H1N1— afecta al bienestar general y particular de los trabajadores y sus familiares dependientes (niños y ancianos sobre todo) y cercena brutalmente sus expectativas.
A la crisis se salud sumaríanse las otras, anteriores pero concurrentes y crecientes: 1) la de la evidente y demostrada inviabilidad del modelo económico-financiero, industrial y comercial
del neoliberalismo establecido por fiat presidencial hace 27 años; 2) la financiero-económica global.
Y otras crisis: 3) la caída sostenida del poder adquisitivo del ingreso; 4) la debacle en materia de seguridad pública; 5) la erosión de la credibilidad, de por sí magra, de los personeros panistas, priístas, perredistas, etcétera, del poder político del Estado, percibidos como ineptos y corruptos.
Estas crisis están bajo el mismo domo de definiciones: la descomposición del poder político del Estado --que emite vectores que conducirían inexorablemente a cambios profundos— que afecta a los demás elementos constitutivos de dicho Estado (pueblo, soberanía y territorio).
¿Resultado y consecuencia? Una crisis política ahondante. De ésta ningún personero (o aspirantes a serlo) priísta, panista, perredista, “convergente” o de los demás partidos) nadie habla; de hecho, evitan el tema. Ello define incluso el carácter de la crisis política de
ineptitud y corrupción.
La ineptitud se advierte en la supresión, so pretexto de la crisis de salud, de la vía socio-cultural-política de desfogue y expresión de repudio de los trabajadores a las políticas neoliberales del Estado; la corrupción es visible en el manejo oportunista y de negocios de dicha crucialidad.
Cerradas las espitas por las cuales escaparían las presiones, éstas se convierten en la coyuntura –eslabonamiento de circunstancias y situaciones cambiantes y dinámicas-- que propician los entallamientos sociales.
Panistas no sólo ineptos y corruptos, sino ignorantes de la historia.
ffponte@gmail.com
www.faustofernandezponte.com
Glosario:
Espitas: salidas, válvulas de escape de presión.
Fiat: decreto, orden terminante, autoritaria y arbitraria. En el caso de la adhesión del Estado mexicano al neoliberalismo, ésta se dio unilateralmente entre diciembre de 1982 y enero de 1983 al adherirse al Acuerdo General de Comercio y Tarifas (GATT, por sus siglas en inglés), en el sexenio de Miguel de la Madrid.
Superestructural: relativo a la subestructura de la sociedad. En sociología, conjunto de instituciones cuya función es la de cohesión a la sociedad y la cultura en torno a la base económica y de asegurar la reproducción de ésta.
Statu quo: estado ded cosas. Realidad.
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