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por Fausto Fernández Ponte
I
Privatizar México es un concepto que suele ser elusivo a la comprensión general de la ciudadanía y, no se diga, a la sociedad toda, dados los avatares históricos de nuestro país y sus desenlaces en lo social, político, económico y cultural.
Como consecuencia, ese atributo de la elusividad del concepto lo convierte en inasible. Para la ciudadanía --la que posee la condición jurídica de electorado--, el concepto no se disocia de la noción de propiedad y se confunde, asì, con la de patrimonio.
Para millones de mexicanos --incluso aquellos que podrían identificarse como escolarizados en gradación variopinta--, "propiedad" es posesión plena de algo propio, independientemente del atributo de tangibilidad, y por tanto patrimonial.
Esta condición sociocultural es insoslayablemente factual. Se nos exhibe cual síntoma de nuestro dramático atraso social, particularmente en lo educativo. La secuela es grave: inducir por manipulación artificiosa ciertas conductas colectivas.
También suelen confundirse los referentes a la conceptualización definitoria de lo que es el Estado, la Nación y el Pueblo. Las definiciones correpondientes tienen asentamientos vagos en la psique colectiva de los mexicanos.
II
Para los estratos societales pensantes, el Estado, la Nación y el Pueblo tienen representación precisa, no sólo en cuanto a su semántica, sino particularmente en lo político. Para otros estratos, los vocablos concitan otras imágenes indefinitorias.
Así, las nociones de Estado, Nación, Pueblo, Propiedad Privada, Propiedad Social, Patrimonio Particular y Bien Patrimonial societal, nacional o colectivo se traslapan y entreveran en abrazos de confusiones, equívocos y desinformación.
Empero, pensaríase que en su mayoría los mexicanos sabríamos advertir las diferencias trascendentes de los concepto aquí traídos a colación. Pero ese conocimiento parece ser intuitivo, devenimiento de una muy documentada percepción ancestral.
Y esa percepcíon ancestral se nutre de la desconfianza. El pueblo desconfía, señálese con pertinente precisión, de aquellos personeros de las instituciones del poder formal, así como de los móviles de sus actuaciones individuales y de grupo o clase.
Esa desconfianza manifiéstase muy arraigada y tiene, por añadidura, cultura propia. Se desconfía de los móviles de los políticos en los Poderes Ejecutivo y legislativo; jueces, magistrados y ministros del Poder Judicial; de los burócratas...
III
Y desconfían, en la misma vena, de aquellos que procuran la justicia --policías y agentes del Ministerio Público y personal de esas competencias-- en todos los niveles e instancias, desde la federal hasta la municipal, pasando por la de los estados.
Estas apreciaciones nos llevan al meollo vero del tema que se trata hoy aquí, el de la intuición popular --que no es otra cosa que un instinto de supervivencia histórico-- que trasciende las definiciones conceptuales de la economía política.
Es, pues, el instinto lo que impulsa al mexicano a discernir con suspicacia las intenciones de quienes intentan despojarlo de tesauros patrimoniales. Sienten que esas intenciones son adrede turbias, inciertas, eufemísticas e indeterminadas.
Cierto. Al Pueblo de México no le viene con claridad que un gobierno que considera espurio y ajeno a su albedrío y sin su representatividad, quiere "fortalecer" el proceso de beneficio de un patrimonio, el petrolero, regalándoselo a particulares.
Al margen quedan los matices semánticos y sofisteros de las trampas y artilugios del poder y la cultura política de la simulación y el engaño para traicionar al Pueblo. Por ello éste se opone a las "reformas" del calderonismo en materia petrolera.
Y, a su vez, por ello la calderonía desprecia declaradamente la consulta popular acerca de la privatización del petróleo, descalificando aquella a priori. El hampa de la política juega --con ardides aviesos-- con el fuego del sentimiento popular.
ffponte@gmail.com
Glosario:
A priori: antes de, de antemano.
Calderonía: relativo al régimen gubernamental que preside Felipe Calderón.
Elusivo: que elude, que evade.
Inasible: que no se puede asir.
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