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por Fausto Fernández Ponte
I
En respuesta a los caros leyentes Sabino Betanzos Rojas y Jorge Sandoval del Rey, mexicanos que nos leen en Estados Unidos, decíase aquí que en México se libran varias guerras bajo una diversidad de modalidades.
Esas guerras, no obstante sus modalidades aquí notadas, tienen un denominador común: la víctima colateral --accidental-- y, a la vez, estratégica y central, es el pueblo de México en lo epiceno, y ciertas capas societales específicas en lo particular.
Esas guerras son, a nuestro ver y a la luz de sus resultados y consecuencias, asaz violentas, traduciéndose no sólo en saldos de miles de muertos y heridos y destrucción de bienes materiales privados, sino también en un trauma psicológico nacional.
Pero, ¿cuáles son esas guerras acerca de cuyo verismo muchos mexicanos, aquí y acullá (la diáspora migrante en EU) y doquiera, no tienen conciencia y, ergo, no las disciernen ni registran ni identifican e incluso, si sabidas, las ignoran?
En la entrega anterior identificamos una de esas guerras, la que libra el gobierno de México en representación --por cierto, espuria-- del Estado, contra las organizaciones dedicadas al tráfico ilícito de estupefacientes y psicotrópicos.
Ese tráfico ilícito es un jugosísimo negocio, de fábula. El margen de ganancia no tiene límites. Y, como consecuencia, concita la ambición de personeros del poder corruptos, desde presidentes hasta policías, militares y hasta gobernadores.
II
En esa narcoguerra, decíase aquí, el gobierno tiene por móvil lograr el control operativo y gerencial de ese colosal negocio para una facción o grupo de poder. ¿Y cuál es la causal del móvil? Imperativos personales y de geopolítica.
Imperativos personales de poder económico y, por tanto, político. E imperativos de la geopolítica del poder, expresado éste en dominación y hegemonías económicas y políticas; éstas se emblematizan en los dictados del imperialismo de nuestro tiempo.
Ese imperialismo es económico. El tráfico de bienes ilícitos --estupefacientes y psicotrópicos-- es, por definición, ilegal, mas ello no lo despoja de su atributo de fenómeno económico, con implicaciones profundas en lo político, lo social y cultural.
Así, controlar el fenómeno es meta estratégica en función de los intereses de personeros del poder formal, y de los del grupo o facción que domina el aparato estatal, lo mismo en México que en Estados Unidos. En la consecución de esa meta se usan a las instituciones.
Y los personeros de las instituciones, como las de las fuerzas coactivas y coercitivas, militares y civiles, del Estado, son sacrificados en aras de una mística falsa. El sacrificio se extiende a inocentes en la sociedad toda.
Sin embargo, la narcoguerra no se entendería sin identificación previa de los componentes del contexto socieconómico y sociopolítico de México (y, por inferencia, de EU). Esa guerra es expresión de un fenómeno más amplio.
III
Es una expresión sintomática de un macrocosmos dado que se suma a otras expresiones de naturaleza bélica --violenta-- aunque menos difundidas que la primera, la narcoguerra. Esas otras expresiones son más corrosivas y de grave laya antisocial:
1) La guerra del gobierno contra la pluralidad misma del pensamiento de México y sus manifestaciones, que por ministerio de leyes universales se traduce en discrepancia, disidencia, oposición política activa y muchas veces en insurgencia social.
2) La guerra económica --identificada también como violencia económica-- del gobierno en agravio de los intereses históricos patrimoniales (el petróleo), estructurales y superestructurales de la sociedad mexicana, como los coyunturales de supervivencia.
3) La guerra de aculturación, definida por un metódico bombardeo difusor de paradigmas ajenos a nuestra experiencia histórica, en tándem con el uso avieso de otros medios de control social, v. gr., el sistema educativo o la religión organizada.
Esas son las guerras mayores de México, las cuales, en su turno, se sustentan sobre una base conformada por miríadas de guerras menores, lo que demostraría la teoría filosófica de que toda guerra es un acto antisocial y de lesa humanidad.
En México las guerras contra el pueblo son preventivas, disuasivas --como diría el notorio orate y criminal de guerra George W. Bush-- y represivas: trátase de evitar que tomemos conciencia del rapiñar plutocrático del que somos damnificados.
La ignorancia acerca de nuestro sometimiento y opresión y la pasividad ante lo uno y lo otro también nos impide discernir que el descomunal despliegue militar del gobierno en la narcoguerra es para intimidar a los que nada tenemos que ver con el narco.
ffponte@gmail.com
Glosario:
Plutocrático: referido a plutocracia. Gobierno de los ricos.
Rapiñar: hurtar o quitar algo arrebatándolo.
Tándem: bicicleta para dos personas, que se sientan una detrás de otra, provista de pedales para ambos.
V. gr. (verbi gratia): Por ejemplo.
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