|
por Fausto Fernández Ponte
I
Independientemente del saldo estadístico --numérico-- de la consulta realizada el domingo en la capital de México y nueve estados de nuestra Federación, acerca de la privatización de la renta petrolera, la moraleja política y social es insoslayable.
¿Por qué? Por la trascendencia del sucedido mismo --la consulta-- y sus secuelas. Consultarle al pueblo de México es en sí un ejercicio de reivindicación de los mexicanos, voten o no los consultados y expresen éstos lo que quieran expresar.
Entendida así, la consulta se nos muestra, objetivamente discernida, como un acto de independencia y, por lo mismo, una decisión orientada a reafirmar la naturaleza moral y el atributo social de nuestra historicidad como pueblo y sus luchas.
Dígase también que los números --cuántos votaron por la privatización o en contra, cuántos se abstuvieron (o abdicaron) de ejercer esa potestad constitucional y quiénes eludieron sus deberes cívicos, civiles y políticos-- no dicen todo.
Es la consulta la que en sí habla, pues su valor y mérito es afín al estudio y reconocmiento clínico de las anomalías y monstruosidades de un organismo social, animal o vegetal; es de teratología.
La primera moraleja --la más evidente y, por tanto, la de mayor dramatismo y alcance-- del ejercicio consultivo es es la reafirmación de su significado mismo. El destino de la patria es asunto de todos los mexicanos, consultados o no.
Ése es un significado moralmente incontrovertible, aunque las fuerzas del oscurantismo mexicano histórico --el AntiMéxico-- traten, como han tratado y continúan haciéndolo, de descalificar y desacreditar los derroteros de nuestra volición colectiva.
II
Esa volición colectiva es la del pueblo de México. El derecho a ejercer su voluntad social --e individual incluso-- ha sido muy dolorosa y costosa, por sangrienta. Los mexicanos hemos ganado ese derecho.
Pero además de sangrientas, esas luchas históricas han sido largas, intensas y desgastadoras en términos ideológicos y políticos, realizadas en una variedad de frentes y teatros de operaciones a veces armados, pero necesariamente cívicos.
Y esa disquisición nos conduce al quid vero de la moraleja aquí discernida y enunciada de la consulta: que las luchas históricas del pueblo de México deben esa historicidad a que son luchas permanentes --todo el tiempo-- e incensantes; movimiento continuo.
No son ni han sido luchas maniqueas las del pueblo de México, representante éste, dígase, del bien, y el AntiMéxico abanderado del mal, o viceversa, aunque los 39 clanes familiares vean al pueblo como "El Mal" y ellos se consideren a sí mismos "El Bien".
Pero más allá del maniqueísmo de la oligarquía mexicana supra es que ésta siempre ha tenido aliados extranjeros. Al coronarse emperador, Iturbide pensaba en el imperio español desmoronado ya. Sí. Pensaba en un Imperio Mexicano ayuntado a España.
Y en el México de Juárez, la supraoligarquìa de entonces acudió a las casas reales de Europa en pos de un emperador, Maximiliano, para "salvar" de sí mismos a los mexicanos, escamotéandoles riquezas patrimoniales y plusvalías.
III
Hoy, los aliados extranjeros son los grandes consorcios trasnacionales --los dueños del dinero y, por lo mismo, del poder real-- y sus operadores, Estados nacionales como Estados Unidos, España, entre otros. Causa y síntoma de la globalización.
La globalización, sí. Ésta es financiera --los dueños del dinero y sus operadores mueven a discrecionalidad por el mundo sus activos tangibles e intangibles-- y consumista y, ergo, globalización inicua de la desigualdad y la injusticia.
Cierto. Lo que es global es la explotación de tesauros históricos de los pueblos del mundo y la pobreza, el desempleo, inseguridad, hambre y escasez de alimentos. Y la depredación del planeta en pos de ganancias monstruosamente excesivas.
Ganancia y poder son gorgonas siamesas, unidas por los vasos comunicantes comunes del dominio y el control y la deshumanización y tan inseparables como las causas y los efectos --consecuencias y motivos-- y sus contradicciones propias.
En ese contexto se dan las luchas históricas del pueblo de México (y de todos los pueblos, a fuer de exactitud). Las armas de la globalización son tecnológicas, entendida éstas como obras de la ciencia aplicada para fines de ganancia y poder.
Dadas las premisas aquí señaladas, la consulta es, en sí, el fantasma vengador y justiciero telúrico del pueblo de México, al que le temen los 39 clanes familiares y el gobierno que instalaron de facto en 2006 para servir sus intereses.
ffponte@gmail.com
Glosario:
Gorgonas: deidades míticas demoníacas. Seres perversos. Furias.
Telúrico: relativo a la Tierra como planeta; referido también a la influencia del suelo o la tierra de una comarca sobre sus habitantes.
|