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por Fausto Fernández Ponte
I
El caro leyente Sabino Betanzos Rojas, oaxaqueño de nacencia quien léenos, dice, en este espacio desde San José, California, plantea una inquietud respecto a los asertos de este escribidor acerca de que México es un país que está en guerra.
"Hasta donde sé, hay paz en México, y usted dice que nuestro país está como Irak. Mi pregunta es en el sentido de ¿guerra contra quién?, si estamos siendo agredidos o invadidos u ocupados como lo está Irak", elucida el leyente.
Otro caro leyente, Jorge Sandoval del Rey, quien también nos lee en algún lugar de Estados Unidos, inquiere: "¿Por qué afirma usted que en México existe una democracia simulada? ¿Que es una forma de organización económica y política inviable?
La leyente Karina Esther Romano, quien informa leernos en Sonora, nos advierte: "Si yo fuera el director de un periódico, no le publicaría ni una línea; tendría problemas con anunciantes y el gobierno, que son los que pagan". Y los lectores ¿qué?
Volvamos al tema traído a colación por el leyente Betanzos y, en esa vena, dígase que las aserciones de este escribidor de hace unos días, fueron en el sentido de que Irak está en guerra con arreglo a las definiciones técnicas del vocablo.
Y hecha tal salvedad, este escribidor afirmaba que en Mèxico se libra otro tipo de guerra. Añadiríamos que esa guerra es de tal naturaleza que escapa a la definición convencional, como la que aplícase en el caso iraquí. Es una guerra sui géneris.
II
Sí, pues, estamos en guerra. Es una guerra que se libra bajo modalidades inasibles a la noción tradicional de confrontación violenta entre dos ejércitos, con muertos y heridos y destrucción de bienes de producción incluso, y daños colaterales cuantiosos.
Pero los muertos son miles; los heridos, muchos más; no todas las víctimas son combatientes, sino inocentes. Los damnificados materiales, psicológicos y culturales representan millones de connacionales. El país vive en trauma; ello ya tiene secuelas.
Quienes como este escribidor hemos estado en guerras (Vietnam, Angola, Centroamérica, el Frente Polisario, Etiopía) en misión periodística para Excélsior, reconocer esa traumática secuela de un conflicto bélico es fácil. Empero, es de comprensión difìcil.
Una de las modalidades más espectaculares de esa guerra es la campaña militar contra un objetivo discernido e identificado conforme a los paradigmas e imperativos de la lógica del Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada de México.
Las operaciones de esa campaña no son civiles. Las fuerzas coactivas y coercitivas civiles del Estado son utilizadas por un gobierno que espuriamente representa a aquél y, desde luego, a su componente humano, que es el más importante, el pueblo de México.
Las fuerzas coactivas y coercitivas civiles tienen una participación formalista, pues han sido desplazadas de hecho por las militares, invirtiéndose los funciones constitucionales que le otorgan a éstas, coadyuvancia logística con aquéllas.
III
Cierto. El país está siendo militarizado aprisa, con la coadyuvancia de hecho de las fuerzas coactivas y coercitivas civiles del Estado. Esa coadyuvancia, señálese, es secundaria y no siempre logística y/o tácticalmente complementaria.
México es un país invadido, ocupado y tomado por sus propias fuerzas militares --las que, en lo ideal, deberíanse al pueblo en cuyo nombre actúan--, que realizan operaciones de una campaña cuyos motivos mueven a suspicacia entre los mexicanos.
La suspicacia popular central es la que se refiere a la selectividad de los objetivos de las operaciones militares. ¿Por qué algunos cárteles del narco no son objetivo táctico ni estratégico de las operaciones de la campaña miltar? No se sabe.
Pero se sospecha. En el ánimo público se percibe que trátase, al parecer, de una guerra --por su carácter militar-- cuyo fin es lograr el control operativo y gerencial de un gran negocio, el del tráfico ilícito de estupefacientes y psicotrópicos.
Esa sospecha se fundamenta en silogismos devenidos de la experiencia histórica y el sentido común que, en combinación afortunada, propondrían lo siguiente:
1) Despenalizar el consumo y posesión de psicotrópicos y estupefacientes en México y preconizar lo mismo en Estados Unidos.
2) Combatir en serio las adicciones a estos bienes de consumo ilegal.
3) Erradicar la producción de los mismos para fines de mercado, orientándola cientificamente a propósitos sociales --medicinal, alimenticio, cultural, etcétera--. Esa erradicación es posible mediante el control del tráfico de insumos o precursores.
Continuaremos con el tema en la entrega siguiente.
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Glosario:
Coadyuvancia: del verbo coadyuvar. Adyuvar, ayudar, asistir, contribuir a la consecución de algo.
Precursores: semánticamente, predecesor, antecesor, pionero, iniciador. Pero aplicado a la química, insumos catalizadores que hacen posible la producción de derivados de la hoja de coca.
Trauma: herida, lesión duradera; choque emocional que produce daño duradero. Emoción o impresión negativa fuerte.
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