|
por Fausto Fernández Ponte
I
La crisis que estruja al Partido de la Revolución Democtrática acentúa la percepción general de la ciudadanía con respecto a dicho ente, precisamente porque la naturaleza del momento crítico --y crucial por añadidura-- es ambigua, si no es que informe.
Vero. Antojaríase que la crisis es, a la vez, estructural, y coyuntural, interna y, al mismo tiempo, contextual y, por tanto, externa. Mas esa crisis es un efecto --secuela-- y no una causal. Los motivos de la crisis son de idiosincrasia.
De cualesquier maneras, la crisis en el PRD mueve a reflexiones a no pocos mexicanos, militantes activos y/o pasivos o simpatizantes en gradación plural y diversa. El partido que nació bajo la esperanza renovadora parece anquilosado.
Y ese anquilosamiento deviene de una severa estratificación no solamente filosófica, sino concretamente ideológica y, sobre todo, política. Parecería que el PRD padece una crisis que tiene mucho de identitaria y no tanto de pujas por su control.
La crisis identitaria tiene basamentos que pensaríanse abisales --de tan profundos que percíbense-- e insalvables. ¿Es el partido político de la verdadera izquierda? ¿Izquierda moderada? ¿Izquierda radical, es decir, revolucionaria?
¿O izquierda delirante en pos de las utopías socioeconómicas y políticas históricas? ¿Oposición leal en una forma de organización política y económica desleal por definición porque no es fiel a los intereses del pueblo mexicano, sino de la élite?
II
¿O izquierda centrista --convencienciera y acomodaticia-- en un sistema político cuya cohesión débese a una cultura del poder que es voraz y contagiosamente corrupto? ¿Es una agrupación política que preconiza sólo retóricamente la revolución social?
Estas interrogantes nos obigan a precisiones. Una revolución social es un proceso permanente cuya dialéctica plantea, cual imperativo nodal e imposponible, la transformación cualitativa de la realidad dentro de la cual la sociedad existe, y la cultura.
Y más: es un proceso en constante desarrollo cualitativo a partir del fomento y encendido de la toma de conciencia colectiva de que esa sociedad vive constreñida, si no es que oprimida --objetivamente discernida su opresión-- y mellado potencial.
Estas disquisiciones encuerpan reflexiones conturbadoras. Es un sucedido insoslayablemente factual que todos los partidos políticos en México existen en el descrédito. La ciudadanía desconfía de esas instituciones, sus dirigentes y militantes.
Reitérese la cualidad de todos. Y es que sin excepciones, los partidos políticos y, por inferencia y extensión, las agrupaciones políticas incurren en conductas de ejercicio contencioso, tribal y primitivo, de potestades y privilegios.
En una sociedad como la nuestra, tan acusadamente desigual e injusta y mal distinguida por el ejercicio inicuo y asaz corrupto del poder, los partidos políticos son confederaciones de grupos de interés, sin más afinidades que las crematísticas.
III
Tal es el caso del Partido de la Revolución Democrática, fundado hace 19 años. Mas también es el caso, bajo modalidades y guisas variopintas, de los partidos de Acción Nacional, fundado en 1939, y del Revolucionario Institucional, creado en 1946.
El PAN es, a la luz de la propia experiencia histórica, el partido político más congruente con su naturaleza: es un partido de clase social. Es, pues, notoriamente clasista, con los prejuicios propios de esa clase, incorporados en su cosmovisión.
El PRI es sinómino de simulación; ésta es evidente por sí misma: dícese --es, pues, sedicente-- fundado por Plutarco Elías Calles, pero en realidad es criatura de Miguel Alemán Valdés, que dióle a la corrupción el atributo de impunidad y cinismo.
El PRD nació bajo un signo ilusorio e inasible: el acceso electoralmente al poder de la izquierda revolucionaria --en todas sus vertientes marxistas y no marxistas-- en un marco político-jurídico diseñado y aplicado bajo falacias y supuestos sofistas.
Esos supuestos sofistas son los de carácter institucional. Competir por el voto ciudadano en un mercado amañado, cuyos engranajes son controladas por un grupo de poder --la élite-- que desechó al PRI, optó por el PAN y fusionó a ambos en el PRIAN.
¿Significa ello que el PRD debe abandonar la institucionalidad e irse al clandestinaje armado --en la jungla urbana o en las montañas-- y conquistar el poder por la vía revolucionaria? No. Y sí. La vía es la insurgencia social. Civil. Y pacífica.
ffponte@gmail.com
Glosario:
Abisales: abismales.
Estratificación: de estrato. Dividido o marcado por estratos.
|