|
por Fausto Fernández Ponte
I
Las campañas militares, policiacas, mediáticas y de otra índole del Gobierno de Facto contra los comerciantes organizados en cárteles para traficar un bien ilícito de enorme demanda, suscitan recelos.
Y esos recelos rayan en suspicacias. Se advierten en amplios estratos de la sociedad mexicana y sus manifestaciones concitan, a su vez, recelos y suspicacias en el propio Gobierno de Facto.
Subráyese que esos recelos y suspicacias tienen un telón de fondo: otros estratos sociales aplauden dichas campañas aunque ello no implique apoyo al jefe del Gobierno de Facto, Felipe Calderón.
Un tercer estrato social considera plausibles las campañas gubernamentales contra ese empresariado ilegal y lo traduce en apoyo político al Gobierno de Facto y a don Felipe. Ese estrato es inexpresivo.
Y entre esos conjuntos de estratos sociales existe un tercero, conformado por la suma de aquellos mexicanos a quienes la narcoguerra y sus modalidades les son ajenas y, ergo, indiferentes.
En ese contexto social regístranse expresiones de una cultura de exaltación épica (v. gr., el corrido) del comercio ilegal de psicotrópicos y estupefacientes y sus practicantes, los "narcos".
II
Todo lo aquí enunciado configura un contexto que, según el sentir de no pocos mexicanos, el Gobierno de Facto desestima no por omisión sino por comisión; es decir, a propósito. Premeditamente.
Ello cincela percepciones públicas insoslayables de que las campañas militares, policíacas y mediáticas del Gobierno de Facto en esta narcoguerra son falaces y tartufas. Son por ende hipocresía.
Antes de proseguir hágase la salvedad de que los burócratas, soldados, jefes y oficiales militares, policías, etc., son ajenos a esa simulación del Gobierno de Facto. Pero algunos sospechan.
Son esos burócratas, soldados, jefes y oficiales y policías, víctimas fatales de esa simulación, quienes hablan de incongruencias, contradicciones y cortedades en la actuación del Gobierno de Facto.
Esa actuación de la calderonía deviene en reconcomios y difidencias e incluso desconfianzas respecto a los motivos verdaderos de las jerarquías políticas más altas en el Gobierno de Facto.
¿Por qué? ¿Por qué razones existe esa percepción de dudas, recelos y suspicacias dentro del propio Gobierno de Facto y a extramuros de éste, no necesariamente en la oposición política?
La respuesta está a la vista para todos aquellos que deseen verla. El gobierno es omiso no por inepcia sino por propósito estratégico. Don Felipe es muy apto para lo que fue instalado en Los Pinos.
Como consecuencia, el enfoque táctico y estratégico de las campañas gubernamentales contra este comercio ilícito no es el de destruirlo, sino el de arrebatárselo a sus practicantes actuales.
III
En la narcoguerra el Gobierno de Facto ignora las causales del comercio ilícito de un bien --cuyo consumo está penalizado-- de creciente demanda y sus practicantes, los multicitados narcos.
Esas causales no son, aclárese, las de las leyes del mercado (oferta y demanda; producción y consumo), sino las del por qué los mexicanos usan cada vez más estupefacientes y psicotrópicos.
Ello descubre la verdadera naturaleza del fenómeno del narcotráfico: económico, político, social y hasta cultural. El Gobierno de Facto no lo registra así, a la luz de su actuación.
Los jefes de jefes de este comercio ilícito no están en Guadalajara, Culiacán, Tijuana, Ciudad Juárez o Matamoros; allí sólo se hallan operadores y sicarios. No.
Y no. Esos jefes de jefes están en las grandes sedes financieras del mundo, en ciertos Estados del mundo --incluyendo al mexicano-- y el sistema financiero/económico del país. Como el contrabando.
Contrabando de bienes, incluyendo las armas doseñadas para uso militar. El contrabando es posible gracias a la complicidad de los personeros del propio Gobierno de Facto.
Si la calderonía lo viese así, la actuación sería otra y, desde luego, efectiva:
1) Despenalizar el consumo.
2) Regular la producción de estupefacientes.
3) Crear empleos de calidad.
4) Mejor educación; es decir, cualitativa, ajena a la filosofía del mercado, para imbuir en el mexicano valores que no promuevan la corrupción y la impunidad.
5) Y mayor y más amplia seguridad social, incluyendo la laboral.
Por ello, la suspicacia: se trata de quitarle el muy lucrativo negocio a unos --"Quítate tú pa´ponerme yo; ya me toca a mí-- para que los jefes reales (empresarios, banqueros, políticos de alto vuelo) sean otros.
ffponte@gmail.com
Glosario:
Difidencias: temores, recelos, reservas, desconfianzas.
Épica: Digno de figurar en un poema, en una canción, en teatro, novela, etcétera, por el esfuerzo, la dedicación y el heroísmo que supone.
Reconcomios: Del verbo reconcomer. Consumir de impaciencia, de pesar o de otro sufrimiento.
|