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por Fausto Fernández Ponte
I
A México lo estrujan brutalmente las garras de severa crisis de gobernabilidad. El jefe de Gobierno federal (que es a la vez el jefe del Estado) no gobierna o, dicho sea con llaneza, desgobierna. Carece del atributo esencial para ello: autoridad moral y ética.
Las causales de ello son asaz complejas y muy diversas, pero se emblematizan en la desestimación inocultada de la centralidad fundamental de la plusvalía moral y estatura ética y la soberbia misional en el ejercicio del poder formal.
Véase: no parecen ser pocos los mexicanos que insisten convencidamente en que Felipe Calderón es el Presidente elegido en limpia lid el 2 de julio de 2006 por una mayoría abrumadora y, por ello, insoslayable, de ciudadanos.
Tampoco parecen ser pocos lo mexicanos a quienes irrita y causa reacciones viscerales que Andrés Manuel López Obrador sea considerado el "Presidente Legítimo" por millones de connacionales o el "Presidente Moral" de México por otros tantos.
Y, por otro lado, también irrítales a los simpatizantes y partidarios de la calderonía que millones de compatriotas cuestionan la legitimidad y la representatividad ciudadanas de la investidura del señor Calderón.
Asimismo, irrítales a aquellos que millones de mexicanos parezcan persuadidos de que el señor Calderón es un Presidente de Facto, dada la espuriedad, objetivamente discernida, de su asunción al poder, y el ejercicio de una impostura colosal.
II
Es un hecho incontrovertible y objetivo que el señor Calderón se desempeña como Presidente de la República, pero también es un hecho objetivo la espuriedad de la que está investido. Se ostenta como mandatario; dispone de las potestades coactivas del Estado.
Esa es una realidad concreta. Tomó el poder. Y tiene el poder. Trátase del poder formal, ejercido con arreglo a imperativos de la naturaleza de los componentes de móviles y circunstancias de su asunción y del contexto en el que ocurrió dicha toma.
Por ello, a 16 meses de haber asumido la Presidencia de la República no es posible disociar el hecho objetivo de que se desempeña como Presidente de Facto y la forma y circunstancias cómo se alzó con esa titularidad del poder formal.
Pero en la misma vena a muchos mexicanos resultaríales imposible disociar la realidad factual de su investidura de la forma y circunstancias de cómo la obtuvo. En la forma yace el fondo, diríase cual se le atribuye a Jesús Reyes Heroles.
Lo uno, pues, no se explica sin lo otro. Y de ellí deviene la vigencia de la espuriedad e impostura del Presidente de Facto como tal. Los atributos de espurio e impostor del señor Calderón como Presidente de la República tienen otro vector.
Y ese vector es el de la magritud de su representatividad. Representa, sin duda, a los 15 millones y unos cuantos mas ciudadanos que votaron por él, en un universo de electores, según el padrón correspondiente, de casi 72 millones.
III
Otros 15 millones y unos pocos más ciudadanos votaron por el señor López Obrador; unos diez millones lo hicieron por Roberto Madrazo --quien es objeto de escarnio por hacer pública su impúdica vocación de tramposo--, y otros candidatos.
En total, los ciudadanos que votaron ese 2 de julio suman un poco más de 40 millones; es decir, precariamente arriba de la mitad del total de empadronados. El cómputo final, que se realizó con maña aviesa por los operadores del foxiato, fue revelador.
Nos reveló, por ejemplo, que el ganador oficial --es decir, de hecho o de facto-- carece de representatividad, pues sólo votó por él 20 por ciento, aproximadamente, del total de ciudadanos empadronados y el 28 por ciento de quienes ese día sí sufragaron.
Los porcentajes deducidos son (hágase la pertinente y precisoria salvedad) aproximados, dado que los totales oficiales exhiben inconsistencias, lo cual pudo haberse superado si, como se propuso en su momento, se hubiesen contado voto por voto.
Lo del recuento es objetivo de una batalla legal, aunque la Suprema Corte de Justicia de la Nación falló hace días a favor de destruir los votos de 2006 bajo considerandos que antójanse cómplices de la espuriedad e impostura del Presidente de Facto.
Contar y recontar voto por voto podría ser, a nuestro ver, el agente principal para disipar dudas y, con ello, poner fin a la corrosiva y peligrosa polarización que divide a los mexicano y, como ñapa, permitir a don Felipe legitimarse. Empero...
ffponte@gmail.com
Glosario:
Ñapa: añadidura, aumento, ayuda
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