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por Fausto Fernández Ponte
A Mario Treviño y Marcos Portugués,
empresarios que piensan en la sociedad.
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I
Antójase obviedad que existen empresarios de industria, comercio de bienes y servicios, y de banca y finanzas con sentido social y que, así dotados, anteponen el interés colectivo al afán personal de lucro ventajoso --alevoso, incluso-- y desmedido.
Así, adviértese cotidianamente la existencia de emprendedores de proyectos de industria, comercio, banca y finanzas microscóipicos, pequeños, medianos y grandes, poseedores de conciencia de una responabilidad solidaria con los demás.
Empero, esos hombres y mujeres son, lamentablemente, los menos aquí, allá y acullá, doquiera en la ancha y cada vez más ajena geografía mexicana, aunque también existen en gradación variopinta en otros países. Ello es un hecho factual.
También acusa factualidad otro hecho: el ejercicio de los quehaceres de la industria, el comercio, la banca y las finanzas tiene, como cualesquier otras actividades del hombre como ser social y, ergo, histórico, una cultura propia.
Es la cultura de la depredación cuya subyacencia filosófica tiene componentes nutridos por los imperativos humanos de la depredación. El depredador principal del humano, en la escala zoológica, es el propio humano. Depreda, pues, sin distingos.
Al depredarse sí mismo --como especie--, depreda su entorno natural y sitúa, así movido, a los demás seres vivientes y sus habitat respectivos en un peligro enorme de destrucción --extinción-- y de difícil reversión.
II
Ello se observa cotidianamente con alarmante elocuencia. El humano hace deliberadamente la guerra, destruye su ambiente, extingue a especies enteras de seres vivos --animales y plantas--y le pone precio material, monetario, a la vida social misma.
Las explicaciones a ese hecho insoslayable de la realidad social ya han sido dadas por las ciencias políticas y sociales y no pocos filósofos --como Samuel Ramos-- y literatos (como Octavio Paz) han tratado con aguda hondura esa dicotomía.
El humano, como depredador máximo --en el épice cimero de la cadena alimenticia-- tiene impulsos de tal naturaleza como los de la búsqueda y obtención del poder, fuere éste económico o político, con fines de dominio, control e influencia.
Esa peculiaridad --asaz estudiada-- de nuestra especie tiene manifestaciones culturales que atentan directamente contra el interés social, el de todos. Carcome acervos corrientes e históricos de plusvalía material, y patrimoniales de la sociedad.
Ésta cultura ha convertido el ejercicio del poder en un instrumento más de depredación del hombre por el hombre. Esa depredación tiene, en el lenguaje de la sociopolítica, identidad. La corrupción tiene por origen la dialéctica de la depredación.
En esa cultura, una vertiente de profesionales de la depredación --hombres y mujeres de empresa de variada magnitud y dimensión-- que carecen de una brújula social y anteponen el egoismo personal al interés social, han accedido al poder.
III
Juan Camilo Mouriño y Juan Bueno Torio emblematizan ese tipo de empresarios depredadores. Accedieron al poder para hacer negocios, a sabiendas de que así violarían la ley --por los conflictos de interés-- y, por añadidura, inmorales y sin ética.
Los triscamientos alegres de don Juan Camilo --quien es, por añadidura, ciudadano español, por lo cual viola, como añadido, nuestras leyes-- por los ubérrimos campos del erario federal son muy conocidos dada su reciente y amplia difusión.
Pero las andanzas del señor Bueno Torio (exdiputado, exdirector de Pemex-Refinación y Senador de la República por Veracruz) por las arcas gubernamentales empiezan a conocerse, gracias a denuncias formales ante la autoridad competente.
La acusación (averiguación previa 95/UEIDSCPCA/2006) formulada ante la Procuraduría General de la República tiene tiene ramificaciones presuntas con el enriquecimiento inexplicable de él mismo y de su entonces jefe en el gobierno, Vicente Fox.
El señor Fox --hombre de triste celebridad dada su notoria inepcia, fehaciente frivolidad y profundos prejuicios devenidos de una ignorancia vivencial patética y documentada uña larga-- es, presúmese, uno de los hombres más ricos de México.
¿Cómo se enriqueció el señor Fox? Sospéchase que de la misma guisa usada por algunos de sus predecesores: vendiendo petróleo mexicano en el mercado "spot" --al contado-- en Rotterdam. ¿Era don Juan el operador de don Chente? La pregunta está en el aire.
ffponte@gmail.com.mx
Glosario:
Triscamientos: del verbo triscar: ramonear, mover alternativamente y de uno a orro lado los dientes de una sierra.
Ubérrimos: abundantes, fèrtiles.
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