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por Fausto Fernández Ponte
I
Gabriela Dávila Madrid, conductora del programa Haciendo Tierra en el Planeta, de Radio Universidad Veracruzana, en Xalapa, enunciaba no muchos días ha una tesis acerca del aborto que antójase importante.
Si entendimos bien, hacía notar doña Gabriela que el contexto dentro del cual suelen tomarse las decisiones personales de una mujer para terminar una gestación, es secuela de la cosmovisión masculina.
Y también decía —al aire, en otro programa, el de Opiniones y Comentarios, de Julio Ricardo Blanchet Cruz, en la misma RUV— que, en ese contexto, el sentir y el parecer de la mujer son secundarios.
Por ello —planteaba— las decisiones individuales de concluir una gestación deben ser tomadas no sólo por la mujer, sino de consuno con el hombre, quien tiene que comprender razones y motivos de aquélla.
Más no suele ser así, pues el hombre resuelve en algún sentido —a favor o en contra de terminar un embarazo— sin la cabal comprensión de los dilemas existenciales de la mujer; no se empapa de ello.
Asunto de mujeres, suélese discernir en el entorno masculino. Cierto es que este asunto atañe a la mujer, sin duda, pero también es certeza de que tal asunto compete al varón.
II
Háblase aquí del varón como parte intrínseca del hombre, entendido éste como ser social e histórico, lo que incluye inextricablemente a la mujer. Varón y mujer son concomitancia insoslayable de humanidad.
En contraste, en el ámbito social —o colectivo—, el hombre actúa con una responsabilidad ostensible que, sin embargo, no supera las deficiencias obvias del contexto sociocultural creado por él.
Así es. No supera, por ejemplo, que ese contexto desestima a la mujer integral y a quien, en el mejor de los casos, sólo subestima, ciñendo su interrelación social de género a la subordinación femenina.
Es el hombre quien rige esa interrelación, tanto en lo personal e individual e íntimo y familiar, como en lo colectivo —fuere éste gremial, de clase o social en su sentido cabal—.
Toma así el hombre sus decisiones sólo en función de su género —como varón— sin el concurso de la mujer. En lo social, las decisiones pudieren parecer democráticas, pero no lo son. No en ese contexto.
En efecto. En el contexto sociocultural masculino, el hombre toma decisiones unilateralmente, sin la mujer —en casos, se consulta pro forma a la contraparte femenina— y sin conocer su sentir y parecer.
III
Nos referimos a decisiones individuales —en la vida familiar o de pareja— y colectivas o de alcance societal. No son decisiones que resulten de un cotejo y sincretismos de cosmovisiones de género.
Obsérvase ello en la vida cotidiana no solamente en México, sino en casi todo el mundo, en general: en las relaciones de pareja, familiares, políticas, económicas, culturales. Y de poder.
En el ejercicio del poder —la cultura de éste es masculinista, si no es que francamente machista— las decisiones todas, desde las más trascendentes hasta las más nimias, son unilaterales.
Y la tesis planteada por la señora Dávila Madrid es la de que en todas sus instancias —federal, de los estados y municipios e inclusive villorrios y rancherías— el poder sea ejercido por ambos.
Es decir, que el poder sea ejercido simultáneamente por varón y mujer, considerando la importancia demográfica de ésta —de mayoría con respecto a la población masculina— y su presencia cultural.
Debemos elegir, elucidaba doña Gabriela, un Presidente y una Presidenta de la República, inclusive de partidos políticos opuestos. Los presidentes no serían cónyuges. "Seríamos mejor país", dice.
Y sería, añadiríamos, una verdadera democracia, pues son los políticos actuantes en el contexto prevaleciente —masculino, varonista— los que mantienen segregada a la mayoría femenina.
Glosario:
Concomitancia: De concomitar. Acompañar una cosa a otra, a obrar conjuntamente con ella.
Consuno: conjuntamente.
Nimias: banales, pequeñas, sin importancia.
Varonía: de varón.
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